Las gotas de transpiración corren por la cara del defensa. Se esfuerza por detener la pelota, por despejar lo mas rápido posible. Se sentia solo. Era sencillamente patear y eliminar el peligro. La cara de esfuerzo, el estomago crispado y los dientes apretados se desvanecen con la sensación de que todo va a estar bien, que ya nada le podía pasar. De repente un rayo pasa por su costado y le puntea el balón. La pierna en movimiento no lo puede evitar, los ojos detectan una sombra en el preciso instante en que el contacto ocurre. Los oidos se aturden con el sonido del silbato y el silencio repentino de todo el estadio. Penal! Reclamos, protestas, insultos, caras feas. La tarjeta y la resignación del jugador. El marcador iba empatado a cero y la ilusión recibia un duro golpe. La adversidad los abofeteaba y el miedo invadia las gradas.
Parado bajo los tres palos, con cara de susto notó como le sudaban las manos. Resopló, intentó sacarse la derrota anticipada de encima. Se sacudió el frío que le corria por la espalda en una noche de verano agobiante. Esto no podía ser el comienzo del fin. Todo el trabajo, toda la ilusión y los planes a futuro, la estrategia arruinada por una mala jugada del destino? Alli estaba agazapado esperando ser fusilado, sin mas armas que sus manos ante la mirada atenta de mas de cuarenta mil personas. Se escuchó el sonido del silbato, el corazón se disparó en una alocada carrera esperado el golpe de gracia. El estruendo del botín contra el balón se sintio como el martilleo de un fusil y la bala llevaba dirección al ángulo. Se amaco, se volcó a un lado y voló. Simple y sencillamente voló. Suspendido en el aire veía como el misil se acercaba, estiro sus manos intentando alcanzarlo y… Cerró los ojos, sintio el golpe mientras caía y la veía alejarse.
El estadio estalló y no puedo definir bien que paso. Fue gol? Era gol lo que gritaban? La algarabía en las tribunas era incontenible. Los gritos, los puños apretados y esa sensación de liberación. El marcador no cambió. El cero seguía observandolos desde el tablero altanero, solemne. El se vistió de super heroe y le devolvió la vida a todos los presentes. Respiro profundo y se abrazó con sus compañeros en una comunión de hermanos que se sentian tocados por un ser superior que les dio otra oportunidad y que ellos sabían que no iban a desperdiciar.
A Fabian Carini, guardian de los sueños aurinegros.
Tags: Carini, Libertadores, Peñarol
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